Hola, ¿cómo estás hoy?
Déjame hacerte una pregunta sencilla: ¿cómo está tu batería interior?
Sí, tu batería. Esa que no se mide con porcentajes en la pantalla de un celular, sino con la energía, la paz y la motivación con la que enfrentas cada día.
“Y echándose debajo del enebro, se quedó dormido… y he aquí luego un ángel le tocó, y le dijo: Levántate, come” (1 Reyes 19:5).
Porque, seamos honestos, muchas veces vivimos corriendo. Entre trabajo, familia, compromisos, redes sociales y mil cosas más, pareciera que no queda espacio ni para respirar. Y así, poco a poco, sin darnos cuenta, vamos quedándonos en rojo.
El texto bíblico narra la historia de un hombre que necesitó descansar, a veces la manera de recargarte es desconectarte y descansar.
NO SE TRATA DE HUIR, SE TRATA DE PAUSAR
Bien puedes al pausar hacer una oración sincera, tomar un café en silencio, salir a caminar sin prisa, apagar el celular por un rato.
La pausa no es una pérdida de tiempo, es una inversión en tu bienestar. Porque cuando paras, respiras, piensas y recuperas fuerzas, regresas con más claridad y energía.
QUE IMPORTANCIA TIENE LA PAUSA.
LE AÑADES FÉ A LA ESPERA, porque creer en Dios y en su cuidado es la mejor fuente de energía.
Jesús lo dijo claramente: “Vengan a mí todos los que están cansados y agobiados, y yo les daré descanso” (Mateo 11:28).
Ese descanso no lo encuentras en una agenda apretada, lo encuentras cuando decides soltar y buscar en Dios la confiaza de que él es tu descanso y paz.
Decide descansar en Dios, entregale tus preocupaciones y deja que repose sobre ti su paz.
Comparte con alguien que también creas que lo necesite.
Dios te bendiga.








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